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jueves, 28 abril 2005
Tarsicio Bertone, sobre Benedicto XVI
Esta excelente entrevista fue publicada en Periodista Digital, de España. Un diario cuya consulta es muy recomendable, el enlace es el siguiente:
http://www.periodistadigital.com/religion/object.php?o=53473
No creo que el diario tenga algún problema en que copie parte de la entrevista en este humilde blog, sobre todo, si cito la procedencia y recomiendo la lectura del informativo. Porque, además "Apoyados en una de las más antiguas tradiciones periodísticas, el derecho de cita, y en la legislación vigente", como dice el mismo diario que cita muchísimo. Sin embargo, para no tener dudas, la reproduzco solamente en parte, sólo lo que atañe al nuevo Papa ya que, como ciudadano alemán, es materia de este blog.
El comentario sobre los gatos... estuve a punto de dejarlo fuera; pero lo dejé porque revela un detalle simpático de la personalidad del nuevo Sumo Pontífice. A continuación, la entrevista. ¡Que la disfruten!
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Tarsicio Bertone, cardenal y arzobispo de Génova
Cardenal Bertone
Arzobispo de Génova
Antiguo secretario de Doctrina de la Fe
Gran elector del Papa Raztzinger
Llamó al nuevo Papa "el Beckenbauer de Dios"
Periodista Digital
Editado por Mónica Lara (PD)
Martes, 26 de abril 2005
El escritor Juan Manuel de Prada conversó con el cardenal Tarsicio Bertone, uno de los grandes electores del Cónclave, acerca de la personalidad del recién elegido Papa, Benedicto XVI. Este martes el diario ABC, del que Prada es colaborador habitual, recogía la entrevista. En ella Bertone asegura que Ratzinger es "el hombre idóneo" para asumir el papado y disiente con los que intentan presentarle como "el rottweiler de Dios".
El purpurado, que durante años fue secretario del actual Papa en la Congregación para la Doctrina de la Fe, habla de la "abierta disposición al diálogo" del Pontífice, de su gatofilia y de sus gustos gastronómicos. Respecto a la aprobación de los matrimonios homosexuales en España, Bertone asegura que "Zapatero se ha mostrado muy apresurado e impulsivo, en su afán de propinar una bofetada a la Iglesia".
Pregunta: Se le nota exultante, Eminencia...
Respuesta: Estoy muy contento, en efecto, porque Benedicto XVI era el hombre idóneo, tanto por su estatura intelectual como por su profunda espiritualidad. A muchos les ha sorprendido que un gran teólogo habituado a disertar haya sido capaz de predicar con tanta llaneza el mensaje del Evangelio. Y es que Benedicto XVI ha demostrado que no es sólo capaz de hablar a los doctos, sino también de comunicarse con la gente de la calle.
P: Cierta prensa, sin embargo, se afana por presentarlo como un intransigente inquisidor.
R: Esta imagen es fruto de un estereotipo falaz. En absoluto es un hombre duro; por el contrario, su principal virtud es la capacidad para escuchar. Esa definición vergonzosa e indigna que lo presenta como «el rottweiler de Dios» podría desmentirla la buena gente de Borgo Pío: niños, ancianos, amas de casa, todos estaban encantados con su dulzura. Durante siete años, he sido su secretario en la Congregación para la Doctrina de la Fe; pero aún diré más, he sido su vecino durante todo este tiempo, porque vivía en su mismo edificio, yo en el quinto piso y él en el cuarto. Muchas veces comíamos juntos. Al cardenal Ratzinger le gusta la comida picante, al estilo español, pero también los dulces; pasa de un extremo al otro. Le encantan los penne all´arrabiata, pero no los acompaña con vino o cerveza, sino... ¡con un refresco de naranja!
P: Esa capacidad para escuchar, ¿la mostraba también en su trabajo?
R: Por supuesto. Con los teólogos disidentes, mostraba siempre una abierta disposición de diálogo. En el trabajo de la Congregación había impuesto un sistema plenamente colegial. Estableció, en concreto, tres reuniones semanales de debate y discusión, con el fin de lograr una convergencia máxima entre las diversas propuestas y alcanzar así soluciones operativas. El lunes se reunían hasta una treintena de expertos en teología, exégesis, derecho canónico, etc., para discutir sobre problemas particularmente urgentes. El informe de estas reuniones, presididas por el secretario, era puesto a disposición del cardenal, quien leía atentamente las conclusiones y solía citar a uno u otro experto, antes de pronunciarse y emitir su voto. El miércoles tenía lugar la sesión ordinaria con los cardenales, presidida por el Prefecto, que introducía la reunión con una espléndida síntesis teológica sobre el tema -síntesis que llevaba siempre escrita a mano en un cuaderno-; a continuación, ofrecía la máxima libertad a los participantes para aportar sus puntos de vista -basta revisar los nombres de los miembros de esta Congregación para comprobar su altura teológica y su independencia de juicio-y, después de todas las intervenciones, el cardenal realizaba una exposición en la que se recogían todos los pareceres expuestos. Además, siete cardenales de la Congregación eran invitados a aportar sus pareceres particulares por escrito, que se incorporaban como alegaciones al informe que se entregaba al Santo Padre, quien en última instancia era quien adoptaba las decisiones. Este escrupuloso respeto colegial del cardenal Ratzinger resulta sumamente significativo. Y conste que, con frecuencia, las opiniones de los otros cardenales no concordaban ni coincidían con la suya. Pero él asumía e integraba las diversas opiniones y las hacía suyas cuando actuaba como portavoz ante el Santo Padre. Por último, el viernes por la mañana se celebraba un congreso interno, que consistía en una puesta en común de las demandas que habían llegado a la Congregación durante la semana. A esta reunión de los viernes eran invitados los oficiales de la Congregación, incluso los más recientemente nombrados. Es un hombre que sabe respetar, apreciar y acoger los consejos ajenos y así construir una documentada opinión.
P: Aparte de estas reuniones, ¿qué actividades llenaban su tiempo?
R: Le gustaba tener encuentros personalizados, audiencias con embajadores y autoridades civiles y eclesiásticas. La decisión adoptada por el Rey Balduino de Bélgica, cuando decidió dimitir durante veinticuatro horas para evitar estampar su firma en la ley del aborto, fue fruto de una conversación con el cardenal Ratzinger. También recibía a grupos de peregrinos alemanes que venían, hacia el final de la mañana, para improvisar un concierto en su honor. Conviene destacar el espíritu pastoral de este hombre, porque algunos lo han puesto en duda: todos los jueves por la mañana celebraba la misa para los peregrinos alemanes en la iglesia del Colegio Teutónico, que además era transmitida por la radio bávara. También recibía a grupos de estudiantes, católicos o no católicos, de pastores protestantes, de sacerdotes o seminaristas. Desde el punto de vista humano, el cardenal Ratzinger era un hombre con un estilo de vida muy próximo a la regla benedictina; de ahí que haya elegido el nombre de Benedicto.
P: Me han dicho que Benedicto XVI es un «gatófilo» empedernido. ¿Me lo confirma?
R: Desde luego que sí. En su paseo desde el Borgo Pío hasta el Vaticano, se detenía a dialogar con los gatos; no me pregunte en qué lengua les hablaba, pero los gatos quedaban encantados. Cuando el cardenal se acercaba, los gatos alzaban la cabeza y lo saludaban.
(...)
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