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lunes, 30 mayo 2005

El No de Francia a la Constitución Europea - Un desafío para el futuro

A las 10 de la noche cerraron los locales de votación en Francia. 70% de participación electoral, porcentaje inusualmente alto para Francia. 55% de votos en contra.

Hoy en la mañana, Schröder se adelantó a decir que se trata de un Rückschlag, esto es, un retroceso; pero no el fin. Hace unos minutos Vaclav Havel propuso detener la totalidad del proceso de ratificación a nivel europeo, que califica de innecesario. Jack Straw pide un alto para reflexionar acerca del tema. Por su parte, desde Bruselas se insta a seguir adelante, como estaba planeado.

El miércoles se realizará un plebiscito en Holanda, cuyos pronósticos son tan negativos como lo eran los franceses, de manera que se espera que la Constitución Europea sea igualmente rechazada por los holandeses.

Las causas del triunfo del No son variadas y no únicas, como a veces se presentan. Se puede decir que, por una parte, es cierto que los electores franceses protestan en contra del gobierno: desempleo permanente del orden del 10%, escándalos de corrupción, una economía detenida, millones de inmigrantes, etc., etc.

Asimismo, los gobiernos europeos han presentado la política de la Unión Europea, muchas veces, como culpable o, por lo menos responsable, del debacle económico. Sin aceptar la parte de responsabilidad propia del mismo gobierno nacional, como tampoco, la incompetencia para superar los problemas.

Bruselas se convierte en una especie de chivo expiatorio de todos los errores cometidos por los políticos nacionales -momentáneamente- en el poder. Esto es especialmente válido para Francia y Alemania.

Además, parece ser una señal de alarma frente a la expansión de la UE hacia el Sureste -Bulgaria, Rumania y Croacia-. Y, más aún, frente al eventual ingreso de Turquía.

Asimismo, es un rechazo de la población francesa -y europea- a la burocracia de Bruselas, cuya legitimidad democrática se ha cuestionado en más de una oportunidad. Un no a la superregulación que amenaza con ahogar la libertad ciudadana.

Claro que, por otra parte, hay que reconocer que los unos rechazan la Constitución por socialista y los otros, por liberal. En todo caso -como ha puesto de relieve Daniel Cohn-Bendit- si es necesario acordar otro proyecto constitucional o hacer correcciones al existente, sin duda, el nuevo texto sería más liberal que éste.

En todo caso, como Bernd Posselt -presidente de Paneuropa-Alemania- expresó esta mañana, el no francés no es un fracaso del proceso de unificación europea, sino un no a los muchos déficits de este texto constitucional y, por otra parte, un desafío para el futuro.

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