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martes, 28 junio 2005

Cuando las ideas se hacen cultura - Reflexiones en torno a Habermas, la Escuela de Frankfurt y el matrimonio gay

A propósito de toda esta discusión que se ha inicado con motivo del envío (o post) sobre el Matrimonio Gay, me permito -y me alegro de ello- publicar la colaboración de una lectora -y amiga- acerca del tema. Enfocado desde una perspectiva diferente, desde el análisis crítico de Habermas y la Frankfurter Schule o Escuela de Frankfurt que es tan terriblemente importante en Alemania. Esto no le viene nada de mal a Habermas que opina con mucha frecuencia de temas de política contigente.

La autora es filósofa y especialista en Jürgen Habermas. (En la foto, el filósofo reodeado de libros).

Sólo una advertencia, la naturaleza a la que la autora se refiere, no es la naturaleza física; sino naturaleza en el sentido en que se entiende -desde Aristóteles- en la filosofía: naturaleza finalista. ¿O entendí mal?

Y una recomendación: a principios de junio (varios envíos entre el 2 y el 5) publiqué una versión abreviada (pese a ello, bastante larga) del diálogo entre Habermas y Ratzinger en München en el año 2004.
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Cuando las ideas se hacen cultura

“El que no vive como piensa, termina pensando como vive” Así dice la sabiduría popular y adhiero completamente. Todo este debate en España acerca del “matrimonio” entre personas del mismo sexo y su “derecho” a adoptar niños, es la viva imagen de este refrán. Porque la subversión de los valores “naturales” de matrimonio de varón y mujer, de familia, de hijos, comenzó mucho tiempo atrás. La Escuela de Frankfurt mostró claramente cómo la llegada al nihilismo postmoderno era consecuencia necesaria del Iluminismo (¡los diagnósticos de Adorno y Horkheimer son espectaculares!)

Esa postura de la autodeterminación del sujeto, de la anulación del Mundo real (y por ende de Dios) limitante de la voluntad pura del hombre, viene expandiéndose silenciosamente por el mundo occidental. Mientras no se llegaba a lo más profundo de sus consecuencias muchos disfrutaban de la independencia (como canta esa canción infantil “juguemos en el bosque mientras el lobo no está”). Pero hemos llegado al punto de que el nihilismo se está haciendo política, cultura, regulaciones sociales, y estamos cayendo en el absurdo de una sociedad caótica, donde todo vale, una sociedad que no encontrará (de seguir por este camino lógico) ningún argumento ni herramienta legal para defenderse de otro “11 de Marzo”. ¿En razón de qué van a condenar a quienes toman la vida ajena sin permiso? Del valor de la vida humana? (¿quienes aprueban el aborto y la eutanasia?) ¿De los cimientos de la sociedad? (¿cuando cualquier cosa es llamada familia?) ¿De los compromisos sociales adquiridos? (¿cuando siempre se puede acudir al divorcio?) Pero si no hay, no existe, Naturaleza, no existe Verdad, no existe Bien... (¡vienen diciendo a gritos desde hace varios siglos!)

Habermas ve claramente las terribles consecuencias político-sociales del irracionalismo postmoderno (ese culto por la nada, el caos, la crítica completa de todo por el todo, la existencia flotante y a la deriva del ser humano perdido en la nebulosa...). Trata de salir al cruce de este problema proponiendo la acción comunicativa como medio para alcanzar algún tipo de verdad en la que podamos fundamentar “algo” de moral y de política que nos permita salvar una sociedad que se suicida. Pero como (él mismo dice) opta por no salir del esquema iluminista-subjetivista, su propuesta no parece viable.

En última instancia estamos frente a dos posturas opuestas e irreconciliables:

a) una postura de apertura a un mundo natural dado (dentro del que se encuentra el hombre como parte de ese mundo)... que reconoce que ese Mundo tiene sentido y es inteligible (única manera de dar fundamento a la ciencia)...y que trata de adecuar la conducta libre del hombre a ese orden (noción de bien y su lógica noción contraria de mal). Esta postura sostiene que la mejor sociedad (estructura de inteacción entre sujetos que se benefician mutuamente) es la que se inscribe dentro de ese orden del Mundo.

b) La otra postura sostiene la primacía del sujeto autodeterminado que construye el Mundo desde sí mismo. Lógicamente existe una imposibilidad de saber con certeza si existe un Mundo objetivo fuera del sujeto, y el relativismo moral (donde cada uno decide lo que está bien y lo que está mal) es la aplicación práctica de este irracionalismo radical. Las consecuencias sociales de esta postura son el “caos social”, “el hombre, lobo para el hombre”, “la nausea”...

Lo bueno de esta época nuestra, es que hemos llegado a un punto en que hemos experimentado todo y podemos elegir nuestra postura con más honestidad. Siempre sostuve (fue una experiencia sensible real de vértigo frente al llamado a saltar al vacío escuchando una lectura sobre Heidegger) que, en el fondo de los fondos, las razones que nos llevan a elegir una postura sobre otra no son de tipo puramente intelectual, sino opciones vitales más vinculadas con la afectividad.

La teoría del género, por ejemplo, no es más que un “invento” teórico para justificar los deseos sexuales “no convencionales” (por llamarlos de alguna manera) . Y por consiguiente, adoptar esta teoría como verdad es una opción-decisión que no se toma con la cabeza, sino con otras partes de la anatomía humana...

Dolores Beccar

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