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martes, 12 julio 2005
La guerra de dos mundos II
Le agradezco a mi amiga Dolores -que ya ha escrito para el foro: Cuando las ideas se hacen cultura - Reflexiones en torno a Habermas, la Escuela de Frankfurt y el matrimonio gay- que hoy nos deleite con otro artículo de su pluma. Esta vez, acerca de un tema actual.
Asimismo, le agradezco que recoja algunas ideas vertidas ayer en los foros de este blog que, afortunadamente está teniendo mucha vida y se ha convertido en una plataforma de diálogo verdaderamente enriquecedor entre lectores que miran los acontecimientos desde diferentes ángulos. (Si alguien se pregunta por mi opinión, ésta está en Londres, El día después, del viernes pasado).
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El título lo robo de la película que está en cartelera en este momento. Pero el contenido no es de película, o sí, de película de terror. Mucho hemos leído esta semana y mucho hemos conversado analizando los mil y un ángulos que tienen los últimos atentados terroristas. Cierto es que el terrorismo, como instrumento de cambios políticos, no es algo nuevo (Las doce líneas del editor). Cierto es que hay mucho odio detrás. Cierto es que los extremistas musulmanes de hoy no son los primeros en sembrar el terror. Cierto es que USA y UK no han sido nunca “angelitos” en sus políticas exteriores. Pero hay un punto del que no he oído hablar en casi ningún artículo de la prensa internacional. Y se trata de un punto que señalaba The Economist al inicio de la Guerra de Irak (lamentablemente tras una mudanza la revista fue a parar al recycle bin y buscar en los archivos electrónicos del semanario me está dando dolor de cabeza... me hubiera gustado encontrar la cita textual! I`m sorry). Decía The Economist que esta guerra era una Guerra de Religión. Y así lo toman los protagonistas de un bando al menos.
En todos los comunicados de los grupos insurgentes, de los terroristas islámicos que se adjudicaron los diversos atentados a lo largo y ancho del mundo, siempre dicen ser los emisarios de Dios para purificar nuestros pecados occidentales. Están poniendo bombas, matando gente para cumplir la Voluntad de Dios (Ver El resentimiento mata).
Por qué no escuchamos lo que nos están diciendo? Por qué no aceptamos que hoy existe gente dispuesta a matar y dejarse matar y suicidarse por una causa de fe. A mi juicio en Occidente hemos diluido tanto nuestras convicciones religiosas, por miedo al rechazo y la discriminación, que de hecho nuestras creencias no influyen demasiado en nuestras vidas y no podemos entender que eso ocurra en otras personas. Es como cuando una top excecutive llena de títulos y logros profesionales se sienta a conversar con una mujer talibana y se pregunta una y mil veces cómo puede ella soportar vivir en ese estado de esclavitud y sumisión...
En un debate la semana pasada, en el foro de otro blog, un hombre encolerizado le dijo a otro que había adoptado la actitud del “mea culpa”: “por favor no escude su cobardía detrás de hombres que han sufrido y muerto por sus causas. Usted es solo un mediopelo al que le gusta vivir en una sociedad libre pero que claudica de miedo al tener que defenderla.” Dejando de lado los enojos e insultos, la verdad es que hay un punto que me parece real. A veces tratamos (como grupo cultural, que no sé como denominar a todo Occidente con sus mil diferencias) de dialogar con un sordomudo. Y en el fondo es que no queremos que llegue el momento de tener que defender esa cultura que nosotros hemos construido.
Y la guerra de religión contra los aguerridos islámicos tampoco es nueva... cambiaron los nombres de los protagonistas, cambiaron las estrategias, cambiaron los trasfondos políticos, pero no hay gran diferencia con lo la guerra librada por Juan de Austria allá por el S. XVI.
Dolores Beccar
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