martes, 19 julio 2005
"Moral Sexual".
La respuesta de Antonio, mi querido amigo y compañero de universidad, al artículo de esta mañana sobre el mismo tema.
"Moral sexual"
En un reciente artículo aparecido en este espacio, el Profesor Eugenio Yánez crítica la extensión de la institución del matrimonio a parejas del mismo género. Aunque el Profesor Yáñez no lo explicite, sus argumentos no van más allá de lo sostenido por la teología moral del magisterio eclesiástico del Obispo de Roma. De hecho, algunas de sus afirmaciones coinciden casi literalmente con las formulaciones del Catecismo de la Iglesia Católica (2357-2359).
Esta constatación es relevante para identificar los fundamentos y las consecuencias de su posición. Frente a ese planteamiento cabe efectuar un par de precisiones.
En primer lugar es indispensable esclarecer el contexto de la argumentación. El matrimonio es una institución. Por ser además una institución jurídica, las reglas que lo definen pueden ser cambiadas mediante procedimientos institucionalizados. El mismo Yáñez constata los cambios institucionales acaecidos en diversos países. Así pues, en tanto institución, el matrimonio tiene existencia cultural.
La argumentación acerca de la legitimidad del matrimonio homosexual no puede negar esta dimensión. Lo que discutimos es qué regulación del matrimonio es la correcta. No discutimos qué sea o no es un matrimonio, metafísicamente considerado. Discutir acerca de “la esencia” del matrimonio es errar en el objeto de la discusión.
Durante el Siglo XIX, la retórica católica sostuvo que el matrimonio era esencialmente sacramental. La ley de matrimonio civil instituyó el matrimonio legal. ¿No es matrimonio el que contrajeron los chilenos a partir de entonces? Hasta anteayer, la retórica católica insistía en que el matrimonio era esencialmente indisoluble. Hoy, el matrimonio puede terminar en divorcio. ¿No es matrimonio el que contraen actualmente los chilenos? Ahora la retórica católica sostiene que el matrimonio es esencialmente heterosexual. Si mañana la ley chilena deja de exigir la condición heterosexual de los cónyuges, ¿tampoco será matrimonio esa institución?
Un mínimo de consistencia práctica es imprescindible para que la discusión tenga sentido. Ese mínimo exige reconocer que está en nuestra mano, como comunidad política, decidir cuáles sean los requisitos para contraer válidamente matrimonio. Los argumentos metafísicos deben ser situados en el nivel que les corresponde: el de la justificación de justicia política de las decisiones del legislador.
Por esta razón, la oposición que introduce Yáñez entre la ley como manifestación de la voluntad soberana y la ley como expresión institucional del orden moral, es irrelevante. Precisamente porque la ley es expresión de la voluntad soberana, y porque la soberanía radica en nosotros, es que discutimos acerca de la justificación de nuestras leyes, para que configuren un orden legítimo.
El argumento de la ley natural, esgrimido por el magisterio eclesiástico romano, es eso: un conjunto de principios éticos y criterios de validación de esos principios. Es un planteamiento de justicia política.
En segundo término, es importante precisar que conforme al argumento de la ley natural, la oposición a la extensión del matrimonio a parejas del mismo género sólo tiene sentido en el contexto más general de la moral sexual exigida por esa ley natural. El principio central de esa moral sexual es que sólo es legítima la sexualidad realizada (a) entre cónyuges y (b) orientada a la procreación.
Conforme a este principio, la sexualidad fuera del matrimonio, cualquiera sea la edad de quienes la practican, es inmoral. La sexualidad realizada por cónyuges sin orientarse a la reproducción, es inmoral. Las prácticas sexuales que sustituyen el coito vaginal son inmorales. El uso de anticonceptivos es inmoral.
Así como la legitimidad de la sexualidad se encuentra en la posibilidad de realización de su aptitud reproductiva, así también la legitimidad de la reproducción se encuentra en su origen sexual. La fertilización in vitro es inmoral.
¿Es ésta una concepción moralmente convincente de la sexualidad? A mí no me parece. Desde luego, esta concepción de la moralidad sexual resulta inverosímil a la luz de las prácticas morales de nuestra comunidad.
En el caso de las prácticas reproductivas, la constatación es obvia. Ni la fertilización in vitro, ni el uso de anticonceptivos son acciones cuyo estatus moral en nuestra comunidad sea el de acciones intrínsecamente malas. Son acciones practicadas por miembros de nuestra comunidad con la genuina convicción de su legitimidad y dispuestos a justificar racionalmente esa convicción.
En el ámbito de las prácticas sexuales, sucede algo similar. La constitución de una pareja estable prematrimonial es una práctica social extendida. La práctica de la sexualidad en parejas que no gozan de esa estabilidad, lo mismo. La misma práctica de la homosexualidad, femenina o masculina, cada vez tiene más lugar en un contexto abierto, lo cual implica su asunción ante los demás como práctica válida.
¿En qué condición se encuentran quienes discrepan de esas prácticas? Naturalmente, que otros se comporten así no refuta su posición: las consideraciones morales son contrafácticas. Pero ¿pueden pretender que los otros carecen de racionalidad moral? ¿O descalificarlos como personas de segunda categoría? ¿O corregirlos por la fuerza?
Esas prácticas, absolutamente inmorales según la doctrina eclesiástica, están protegidas por el derecho. Su libre realización forma parte del derecho a la vida privada. Eso no está en discusión. ¿Cómo entiende esta situación la doctrina eclesiástica? ¿Cómo un derecho a la inmoralidad? ¿Así que también los jueces de los tribunales constitucionales y de derechos humanos carecen de racionalidad moral?
¿No sería más razonable que la doctrina eclesiástica asumiera el carácter intrínsecamente controvertido de sus postulados, aceptara que la adhesión a ellos sea dejada a la decisión autónoma de cada cual y se comprometiera con un margen de reconocimiento social a las prácticas alternativas? ¿Por qué no puede entenderse a sí misma como una propuesta normativa para definir la vida personal, cuyos modos de expresión son el ejemplo y el consejo, pero no las leyes de la República?
Más importante que la constatación de la diversidad es la afirmación de su legitimidad. Las prácticas sexuales consideradas inmorales por la doctrina eclesiástica se justifican con una consideración moral que resulta mucho más convincente que la doctrina eclesiástica de la ley natural. La relevancia moral de la sexualidad no se encuentra en su aptitud reproductiva, sino en su aptitud comunicativa. La comunicación con el otro en la sexualidad constituye una experiencia única de afirmación recíproca de la personalidad. Constituirse en interlocutor de la comunicación sexual es un privilegio del ser humano.
Una vez que removemos el dogma de la legitimación reproductiva de la sexualidad la cuestión del matrimonio de personas del mismo género aparece bajo la auténtica pregunta de justicia política: ¿por qué no?
14:00 Permalink | Comentarios (6) | Email esto



Comentarios
Antonio
En tu interesante nota partes de la base que la definición de matrimonio y familia son simplemente hechos legales y culturales. Según tu punto de vista también la moral cae dentro de esta categoría y la definición sería un comportamiento socialmente aceptado. La postura de la Iglesia Católica, según tu punto de vista, provendría del apego a conceptos perimidos que la mayoría de la sociedad ha abandonado, salvo un grupo de "conservas" que se niegan a ver la evolución del mundo.
Sin embargo el matrimonio y la familia tienen una realidad subyacente que está completamente fuera de nuestro control. Seas creyente o no, tendrás que reconocer que hay hechos biológicos y psicológicos innegables: (a) la única manera de procrear es mediante la presencia de un hombre y una mujer. (b) a diferencia de los caballos que a los diez minutos salen caminando y al poco tiempo se pueden alimentar solos, el ser humano es sumamente vulnerable y dependiente durante sus primeros años de vida y requiere de asistencia para poder crecer y desarrollarse (c) Dentro de ese crecimiento y desarrollo es evidente que el aprote que hace un padre a la educación de sus hijos es distinto al que realiza una madre. Todas estas cosas son hechos biológicos y psicológicos que ninguna sociedad puede cambiar ni siquiera por unanimidad. Lo único que les queda es lo que ilustraba tan bien Judith: si tenémos lástima por que los sordos no puedan oir conciertos, podemos hacer una película y llamarla "concierto", pero todos sabremos que estamos forzando la realidad.
Nos guste o no la sexualidad (desde un punto biológico) tiene como objetivo primordial la procreación. La procreación tiene como consecuencia la llegada de "cabritos" al mundo. La llegada de niños require un compromiso por parte de los padres para su cuidado, ya que la naturaleza no ha previsto que los niños puedan desarrollarse solos. Dado que el tiempo que previó la Naturaleza para el desarrollo de los niños es largo, el compromiso requerido por las necesidades de la prole es de también largo. El placer sexual es un bonus, no lel objetivo central de la sexualidad. Todos estos no son hechos ni legales ni culturales. Son hechos de la realidad empírica.
Cualquier cultura y cualquier legislación que no respete estos parámetros está engañándose a sí misma. Es común oir decir que la Iglesia es "arrogante" por que le dice a la gente lo que tiene que hacer. Mucho más arrogante, desde mi punto de vista, es creerse que los hombres tenemos la capacidad de cambiar la naturaleza de las cosas por nuestra mera voluntad.
Es como decir que es arrogante recordarle a un persona parada en una cornisa que existe la ley de la gravedad. La única diferencia es que las consecuencias del desafío de la ley de la gravedad se producen con una aceleración de 9,8 m/s2, mientras que las consecuencias de una violación a estass otras normas de las que estamos hablando son un poco más en cámara lenta. Pero las consecuencias no son menos catastróficas. Si te quedan dudas fijate en las tasas de natalidad en los países Europeos. Y si no es más baja es por que todavía hay una gran cantidad de gente que no está de acuerdo contigo.
Bue... creo que me extendí un poco.
Salu2
Isidro
Anotado por: Isidro Beccar Varela | martes, 19 julio 2005
Gracias Isidro, reuniré todos los comentarios y se los enviaré a Antonio. Más por mail.
Ah! Y no te extendiste demasiado.
Anotado por: Marta | martes, 19 julio 2005
Un poco dice.
Anotado por: Marine.Fran | martes, 19 julio 2005
Me gustó tu blog Marine.Fran, me gustaría colocarlo entre mis blogs amigos, puedo?
Anotado por: Marta | martes, 19 julio 2005
"La relevancia moral de la sexualidad no se encuentra en su aptitud reproductiva, sino en su aptitud comunicativa. La comunicación con el otro en la sexualidad constituye una experiencia única de afirmación recíproca de la personalidad. Constituirse en interlocutor de la comunicación sexual es un privilegio del ser humano.
Una vez que removemos el dogma de la legitimación reproductiva de la sexualidad la cuestión del matrimonio de personas del mismo género aparece bajo la auténtica pregunta de justicia política: ¿por qué no?"
Esto escribe Antonio y estoy de acuerdo con el primer pàrrafo, pero diciento totalmente con el segundo. Primero porque ambos aspectos de comunicaciòn y reproducciòn son eso: aspectos de una ùnica realidad... Una realidad sexual que solo se vive en plenitud entre varòn y mujer. La idea biologista (o funcionalista) de la sexualidad humana siempre me pareciò pobre, aunque la predique la Iglesia cuya autoridad moral respeto. Pero pobre no quiere decir errada...
La vínculo que se genera entre el hombre y la mujer es de una profundidad tal que es màs fácilmente explicarla a través del lenguaje poético (màs intuitivo pero no por ello menos real) que por el lenguaje lògico-racional. Quienes han experimentado uniones sexuales sin amor por la otra persona, conocen la diferencia... Quienes han tenido un verdadero amor y lo han perdido, tambièn... Quienes son honestos consigo mismos experimentan una comuniòn de cuerpos, mentes y espìritus que trasciende la limitaciòn lingüìstica.
Lo que dice la moral católica sobre la NECESIDAD de la permanencia del vìnculo, sobre la FECUNDIDAD natural de la uniòn sexual, es cierto. Y el acto sexual como experiencia ùnica de afirmacion de la personalidad, tambièn... No hay oposiciòn en esto, sólo complementariedad.
Lo que subyace al resto del artìculo y al segundo pàrrafo es la convicciòn de que la ùnica fuente de validaciòn de una ley es el concenso social... pero ese es otro tema.
Me gustò el ejemplo, que viene repitièndose desde otro artìculo de la "Pelìcula-Concierto" para no "herir susceptibilidades"...
Como he sostenido anteriormente en este blog, en este punto se contraponen dos posturas irreconciliables: la aceptaciòn de una naturaleza dada, o el rechazo de todo condicionamiento externo a la voluntad del sujeto (individual o social) para justificar cualquier conducta que al hombre le venga en gana realizar... Obviamente la Iglesia opta por la primera postura. La suya no es una doctrina represiva y despótica (sólo tenés que ser honesto y decir "no me gusta, me voy!") y acompaña el movimiento de la vida natural... Los promotores de la "normalidad" de la homosexualidad, han optado por la segunda postura...
Mi percepciòn y sentido común me llevan a inclinarme a favor de la Iglesia... (el acoso por parte de una lesbiana del que fui victima, me llevaron a experimentar cuàn antinatural es la homosexualidad!! y a volverme menos "politically correct" en esta materia)
Anotado por: Dolores | miércoles, 20 julio 2005
Gracias Dolores, claro que yo creo que la enseñanza de la Igl. Católica no es, de ninguna manera biologista o funcionalista, esto es, sólo en función de la procreación. Es lo que tantos critican, por lo demás, al Vaticano II, que haya dejado en claro que no es biologista (La discusión acerca de los fines del matrimonio). Esta es más bien la idea que tenían algunos teólogos católicos (los franceses, por ejm. que, como buenos nacionalistas, proponían "hijos para Francia") y la grandísima mayoría de los teólogos protestantes alemanes, hasta Karl Barth, que fue el que cambió toda la teología evangélica en la segunda mitad del s. XX.
Gracias por escribir... y si escribes un artículo para el blog?
Anotado por: Marta | miércoles, 20 julio 2005
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