miércoles, 20 julio 2005
Moral social, no sexual: un par de comentarios
Eugenio responde a Antonio, en esta tercera -espero que no sea la última- parte del debate.
Moral social, no sexual: un par de comentarios
Aunque no era mi intención abusar de la paciencia de los lectores de esta columna abordando el mismo tema, la reacción crítica a mi artículo anterior de mi estimado colega Antonio Bascuñán, me obliga a esclarecer algunos aspectos mencionados por él y a desarrollar brevemente otros planteados por mí.
1) El profesor Bascuñan basa su crítica a mis planteamientos en la identificación de éstos con los de la Iglesia católica o la “retórica católica” (como la llama él). No me parece la mejor forma de argumentar para validar los propios argumentos, porque (como ya lo he mencionado a propósito de nuestro diálogo anterior), la validez o no de una afirmación radica en su propia consistencia y no en la autoridad de quien afirma o niega. Atacar a la persona y no sus argumentos es una falacia ad hominem. Además, yo podría contra argumentar señalando que lo que afirma Bascuñán no va más allá de lo que han venido repitiendo desde hace mucho tiempo los movimientos y/o activistas homosexuales mencionados en mi artículo anterior. Pero, ¿qué pruebo con ello? Nada. Por último, si el profesor Bascuñan quiere encontrar coincidencias entre mis planteamientos y los de la Iglesia católica, el Catecismo no es lo más indicado. Yo le recomendaría las lecturas de: “sexo y moral” (1975), “La atención pastoral a las personas homosexuales” (1986) y “consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales” (2003), todos ellos publicados por la Congregación para la doctrina de la Fe. Huelga decir, que en estas materias no pretendo originalidad.
2) Dado que sus críticas se dirigen principalmente a la moral sexual de la Iglesia Católica, el profesor Bascuñan equivoca el blanco, pues en primer lugar, no soy yo el representante más indicado de la Iglesia Católica para responderle, y en segundo lugar, porque en ningún momento abordo el tema desde la perspectiva de la moral sexual. Si hay que buscar una perspectiva (u objeto formal) esta sería la “moral social” o “filosofía social”, pues lo que yo cuestiono es si el Estado hace bien o mal al reconocer jurídicamente las uniones homosexuales. Si se lee bien lo que escribí, en ningún momento me refiero al grado de imputabilidad moral o no que tengan las relaciones homosexuales, ni enjuicio la forma de vida elegida por un grupo determinado de personas. El lector atento, habrá advertido, además, que mis argumentos son filosóficos no teológicos. Es más, quien conozca minimamente la “retórica católica”, sabe que ella también utiliza argumentos de razón natural (iluminados por la Fe), y no pocas veces sólo de razón natural. Especialmente en el caso de la homosexualidad, esta doctrina o magisterio recurre al juicio científico de reconocidos especialistas (véase por ejemplo, el "anexo de Atención pastoral a las personas homosexuales"), en este caso psicólogos y psiquiatras. Por si quedara alguna duda, cuando afirmo que la tendencia homosexual es “objetivamente desordenada” no estoy realizando un juicio moral, sino una constatación antropológica. Hay que recordar que la moral no cuestiona las “tendencias” o “inclinaciones”, sino los “actos humanos”.
Uno de los argumentos del profesor Bascuñán a favor del matrimonio homosexual es el cambio que a través de la historia han experimentado algunas instituciones y por cierto las leyes. Que las instituciones (políticas, económicas, culturales, etc.) o las leyes cambien no es ninguna novedad. No es necesario ser un intelectual para darse cuenta de ello, como tampoco es menester ser muy inteligente, para constatar que esos cambios pueden ser positivos o negativos. A este respecto, me parece muy positivo el cambio de mentalidad en relación al mayor respeto que se le debe a la persona homosexual, como también algunas iniciativas destinadas a evitar su discriminación. Precisamente estos cambios no se han producido “por decreto”. Son más bien las personas las que cambian las leyes y no al revés. Vox populi vox dei. Creo que mediante una “ley” no se va a terminar con el escarnio o discriminación.
Otros de los argumentos del profesor Bascuñán a favor de la extensión del matrimonio a personas del mismo sexo, es el derecho de las mayorías o voluntad soberana “para decidir cuáles sean los requisitos para contraer válidamente matrimonio”. Es decir, la validez o legitimidad de una ley no descansa en su contenido, sino en que obtuvo los votos suficientes para ser aprobada. En el caso español, en estricto rigor, esta ley fue expresión del voto de 187 legisladores a favor y 147 en contra (En Canadá fue 158 a favor y 133 en contra). Según el Instituto Nacional de Estadísticas Español, sólo el 0,1% de las parejas españolas son homosexuales. Nos parece desproporcionado legislar para ese 0,1%. Los más de un millón de españoles que salieron a la calle a protestar por la inminente aprobación del matrimonio homosexual o los 147 que votaron en contra, por lógica no serían parte de la voluntad soberana. ¿Qué son entonces? Sólo un grupo marginal de retrógrados homofóbicos?
Desde la lógica del profesor Bascuñán no existen leyes buenas o malas, justas o injustas, sólo leyes que deben ser respetadas, pues lo que las legitima es el proceso o la forma en que fueron aprobadas: por mayoría. O en última instancia, lo importante no es si su contenido es inicuo o no, sino el procedimiento empleado para su aprobación. En esta misma línea tampoco, existen actos buenos o malos en si mismos, sólo actos neutros. La bondad o maldad de ellos va a depender de lo que las mayorías consideren como bueno o malo o por la simple “práctica”. Según Bascuñán “la misma práctica de la homosexualidad, femenina o masculina, cada vez tiene más lugar en un contexto abierto, lo cual implica su asunción ante los demás como práctica válida”. Bajo este predicamento deberíamos validar moralmente y, por ende, legalizar una serie de prácticas bastante extendidas en nuestras sociedades, como la drogadicción, la infidelidad o la prostitución infantil.
Al profesor Bascuñan no le interesa si la unión de dos personas del mismo género puede ser llamado matrimonio o no. Para él esta es una discusión “metafísica”, aunque, toda su posterior argumentación pretenda demostrar la legitimidad de esta unión. Para mi es un tema de la mayor importancia. El concepto “matrimonio” designa una determinada “realidad” natural, que no puede ser arbitrariamente cambiada por una ley. La corrupción y/o alteración de los conceptos desdibuja y desarticula la realidad. Pero, ¿por qué es importante llamar a las cosas por su nombre? Simplemente para no crear confusión y poder entendernos. ¿Por qué al amor de un padre a un hijo no se le llama amor homosexual, siendo que se trata de dos personas del mismo género y que mantienen una relación de convivencia estable? Porque designa una realidad diferente. ¿Por qué cuando un adulto mantiene relaciones sexuales con un prepuber del mismo sexo, generalmente no se habla de homosexualidad, sino de pedofilia? Porque no es lo mismo ser homosexual que pedofilo. Ambas son realidades diferentes, aunque el pedofilo pueda ser homosexual o bisexual. Si nos esforzamos por borrar de un plumazo los conceptos y las realidades que ellos designan, hasta el lenguaje perdería sentido.
Hasta acá mis comentarios sobre algunas de las afirmaciones del profesor Bascuñán. Quisiera por último desarrollar algo más las afirmaciones que hice en mi artículo pasado.
1) No estar de acuerdo con el “matrimonio” homosexual no puede ser considerado “discriminación”. Señalo esto porque una de las estrategias de los grupos activistas homosexuales ha sido el hacer pensar a la “opinión pública” que cada vez que alguien se manifiesta en contra, están siendo víctimas de discriminación, maltrato, etc. De esta manera, cualquier critica es motivo suficiente para ser acusado de discriminador, homofóbico o retrogrado. Es la experiencia que han vivido (sólo por mencionar algunos casos), Nathaniel McConaghy, Irving Bieber, el pastor protestante Ake Green y el psiquiatra español Aquilino Polaino.
2) La aprobación de esta ley implica una desvalorización de la familia fundada en el matrimonio, pues supone desconectar al matrimonio de la verdad antropológica que la originó. El amor conyugal se define así por ser un amor a la persona del otro en cuanto sexualmente (no sólo genitalmente) distinta. En los hechos las leyes que equiparan la unión homosexual al matrimonio heterosexual, desconocen las diferencias de orden biológico y psicológico, y con ello violentan una realidad de orden antropológico esencial. El matrimonio deja de estar fundado en el reconocimiento del bien específico que aporta a la sociedad: los hijos y su educación. La familia ya no es célula básica de la sociedad, aspecto reconocido en todas las culturas, más allá de su religión.
Una pareja homosexual podrá amarse intensamente, proporcionarse placer mutuo, vivir establemente, pero nunca podrán ser esposos, pues naturalmente no podrán engendrar hijos. Con otras palabras, por el hecho de unirse sexualmente no se adquiere ningún derecho especial ante la sociedad. La sexualidad homosexual puede ser intensa, pero nunca fecunda. Aunque el profesor Bascuñán le reste toda importancia a la dimensión procreadora de la vida sexual y le niegue su carácter natural, lo que la ley ha reconocido y protegido jurídicamente no es el hecho de que esposa y esposo sean amantes, sino el aporte a la comunidad de vidas nuevas. La importancia pública del matrimonio no se funda en su “aptitud comunicativa” (Bascuñán) sino en la posibilidad querida libremente, pero no impuesta o decretada por el esposo y la esposa de cooperar al bien común con la generación de los hijos.
La extensión del matrimonio a los homosexuales es en la base una concesión legal básicamente voluntarista, que establece, en sentido estricto, un mandato de fuerza, aunque se le llame ley.
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Comentarios
No es la primera vez que estos dos profesores de mi universidad discuten hasta llegar a la médula misma de la moral y la ética. Veo que en tu blog también tienes el debate anterior entre ellos dos, cuando discutieron sobre la eutanasia en una seguidilla de columnas o "rounds" (otro profesor comparó ese debate con una pelea de Dragon Ball Z, cuando los personajes pelean en el aire y se lanzan bolas de energía del tamaño de un edificio).
Suscribo totalmente lo que afirma Eugenio Yáñez, y, conociendo a esos dos, te aseguro que este no será el final del debate.
Anotado por: Rafael IV | jueves, 21 julio 2005
Gracias por tu comentario! Lo de Dragon Ball es una muy buena comparación. (De quién es? Qué profesor la hizo? Sólo por curiosidad). Rafael: Me encantaría poner tu blog entre mis blogs amigos. Estaría de acuerdo? Un gran saludo por Viña!
Anotado por: Marta | jueves, 21 julio 2005
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Anotado por: medical product liability insurance | martes, 26 julio 2005
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Anotado por: time clock quickbooks | martes, 26 julio 2005
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Anotado por: airline travel coupon | martes, 26 julio 2005
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Anotado por: fluoxetine dosage | martes, 26 julio 2005
Y esto? Será antipoesía?
Anotado por: Marta | martes, 26 julio 2005
olvidaron poner el URL al que quieren hacer publicidad, deben pagarles por colocar estos avisos en páginas de internet
Anotado por: Marta | domingo, 31 julio 2005
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